Protección catódica, con base química, electroquímica y electromagnética, para masas (tanques) y tuberías (ductos).

 

 

 

Antecedentes.

 

En la actualidad, los sistemas anticorrosivos para masas, han tenido una relevante importancia para mantener en confiables valores de seguridad la infraestructura petrolera, sobre todo en el almacenamiento de productos peligrosos y altamente volátiles, como los sistemas de bombeo y de transporte de combustibles o derivados del petróleo.

 

Cada vez, los mantenimientos preventivos y correctivos se han incrementado, inclusive se han presentado fallas inexplicables, en ocasiones con explosiones y consecuencias lamentables, atribuyendo estos eventos a efectos inducidos por descargas atmosféricas y/o electrostáticas.

 

Objetivo.

 

American Working Directory de México S.A. de C.V., ha concluido, a través de desarrollos de investigación, que los fenómenos que actualmente se presentan, se resuelven a través de una solución preventiva, por medio de una ingeniería de base electroquímica, despreciando los efectos de tipo electromagnético.

 

El objetivo principal de este trabajo técnico, es el de analizar cualquier masa metálica que independientemente que tenga o no su sistema anticorrosivo, debe mantenerse en condiciones de equipotenciabilidad referida a nuestro planeta tierra, así como trabajar como una verdadera pantalla de interferencias y una compatibilidad electromagnética entre el fluido o material a manejar, entre su medio de almacenamiento o transporte y el sitio en donde se cimiente o deposite la masa a proteger.

 

 

 

 

 

 

EL PRESENTE TRABAJO SE DESARROLLARÁ DE ACUERDO AL SIGUIENTE TEMARIO:

 

I.                     INTRODUCCIÓN A LOS SISTEMAS DE PROTECCIÓN CATÓDICA.

 

1. CORROSIÓN

1.1. CLASES DE CORROSIÓN

1.1.1. CORROSIÓN QUÍMICA

1.1.2. CORROSIÓN ELECTROQUÍMICA

1.1.2a.           CORROSIÓN ELECTROQUÍMICA POR FORMACIÓN DE ELEMENTOS GALVÁNICOS

1.1.2b.           CORROSIÓN POR CORRIENTES DE DISPERSIÓN

 

1.2. PROTECCIÓN CONTRA LA CORROSIÓN

1.2.1.    MEDIDAS DE PROTECCIÓN CONSTRUCTIVAS

1.2.2.    PROTECCIÓN SUPERFICIAL

1.2.2a.  REVESTIMIENTOS AISLANTES

1.2.2b.  REVESTIMIENTOS METÁLICOS

1.2.3.     EMPLEO DE CORRIENTE DE PROTECCIÓN

1.2.4.     INTRODUCCIÓN A LA PROTECCIÓN CATÓDICA

 

II.      DESARROLLO ELECTROMAGNÉTICO.

 

2.1 ECUACIONES DE MAXWELL

2.2 CONSIDERACIONES DE LAS MASAS

 

 

 

 

III.     EL PRINCIPIO DE INTERACCIÓN MAGNÉTICA Y ELÉCTRICA

 

IV.     CALCULO DE LA CORRIENTE CATODICA PARA PROTECCIÓN A TRAVÉS DEL SISTEMA FARAGAUSS.

 

4.1 ANTECEDENTES

4.2 OBJETIVO.

4.3  DESARROLLO.

 

V.      PROBLEMAS DE AISLAMIENTO DE CORRIENTE EN CONTROL DE BOMBEO, CONTROL DE VALVULAS, INSTRUMENTACION Y TRANSFORECTIFICADORES QUE CONFORMAN UN  SISTEMA DE TRANSPORTE DE FLUIDOS

 

5.1 ANTECEDENTES.

5.2 OBJETIVO

5.3 DESARROLLO

5.4 CONCLUSION DE FUNCIONAMIENTO

 

 

 

 

Desarrollo del tema.

 

I.       INTRODUCCIÓN A LOS SISTEMAS DE PROTECCIÓN CATÓDICA.

 

Es importante para soportar el desarrollo de nuestro tema, recordar brevemente y en forma general ya que no es nuestro objetivo profundizar los tan ya estudiados y practicados sistemas de protección catódica.

Así mismo deseamos que este material técnico logre despertar el interés necesario para ir mas allá de ciertos paradigmas, que a través del tiempo han caído lamentablemente, en repetitivas practicas, sin lograr un incremento de los factores de seguridad y la continuidad de los servicios.

 

Por otro lado, nuestra meta final es el de lograr desplazar los dos principales obstáculos que dentro de la ciencia, se presentan constantemente, los cuales son identificados como la “Inercia Mental” y los “Intereses creados”.

 

Estos dos conceptos han frenado el cambio, la innovación y el progreso, la “Inercia mental” porque se rinde ante el esfuerzo y el trabajo, dominando la comodidad momentánea y la ley del menor esfuerzo, y el “Interés creado” porque siempre se anteponen las ventajas personales a la trascendencia del bienestar para la mayoría o bien común.

El luchar contra estos dos obstáculos es como realizarlo incansablemente contra dos Gigantes, pues si lo refiriéramos con la mitología hidra, le renacen siempre nuevas cabezas (o aliados).

 

Electroquímica, parte de la química que trata de la relación entre las corrientes eléctricas y las reacciones químicas, y de la conversión de la energía química en eléctrica y viceversa. En un sentido más amplio, la electroquímica es el estudio de las reacciones químicas que producen efectos eléctricos y de los fenómenos químicos causados por la acción de las corrientes o voltajes.

 

1. CORROSIÓN

Se entiende por corrosión la destrucción o deterioro de los materiales por procesos químicos o electroquímicos. En el caso del hierro y del acero, se habla indistintamente de corrosión o de oxidación.  La corrosión comienza en la superficie de la pieza; con ello, en dicha superficie se forma generalmente una capa de un compuesto químico del metal con el elemento atacante, por ejemplo el oxígeno.  Si dicho compuesto no es poroso ni soluble en agua, él mismo actúa como un revestimiento protector, como es el caso del óxido de aluminio sobre el aluminio; con ello termina la corrosión.  Si dicha capa es porosa, soluble en agua o incluso hidrófila, como por ejemplo el óxido de hierro, acelera la corrosión.

 

1.1. Clases de corrosión

Se distinguen la corrosión química, la corrosión electroquímica y la electromagnética (todas interactuando).

 

Razones termodinámicas motivan que los metales que se han obtenido a partir de sus minerales en la naturaleza tiendan, en su uso normal, a volver al estado combinado. El fenómeno que conduce al deterioro progresivo de las propiedades metálicas queda designado por el término corrosión.

 

La corrosión es casi siempre de naturaleza electroquímica, esto es, una corriente eléctrica que circula entre determinadas zonas de la superficie del metal, conocidas con el nombre de ánodos y cátodos, a través de una solución llamada electrolito capaz de conducir dicha corriente. Este conjunto constituye micro o macro pilas en las que la zona anódica es la que sufre los efectos de la corrosión.

 

Cuando los átomos del ánodo se disuelven para formar iones, los electrones que dejan libres hacen al ánodo negativo con respecto a la solución. Sus electrones pasan al cátodo a través de la masa metálica y allí neutralizan a los iones positivos. La corrosión, por tanto, es sostenida por procesos simultáneos anódicos y catódicos.

 

1.1.1. Corrosión química

En el caso de la corrosión química, se forman compuestos de los metales por la acción de sustancias atacantes.

 

Esta corrosión de tipo electroquímico, característica de estructuras sumergidas o enterradas, es sumamente peligrosa, no por la pérdida de metal en si, que suele ser pequeña, sino por tratarse de una corrosión localizada que puede ser origen de picaduras profundas.

Para que exista corrosión hemos visto la necesidad de que existan simultáneamente ánodos, cátodos y un electrolito.

 

Estos ánodos y cátodos son micro o macropilas con una diferencia de potencial entre sus dos semielementos.

Las micropilas pueden tener su origen en el metal o en el electrolito, siendo en cada caso provocadas por varios motivos.

 

El acero caliente se oxida, al recocer por ejemplo el acero, tres átomos de hierro se combinan con cuatro átomos de oxígeno formando óxido ferroso-férrico Fe3O4 (cascarilla). Los contactos de plata se ennegrecen, si el aire está contaminado con humos sulfurados: se forma sulfuro de plata (Ag2S). El cobre de un conductor en manguera de goma se puede combinar con el azufre del aislamiento de la goma, si dicho cobre no está protegido por galvanizado. El cobre se puede combinar también con el ácido acético, dando lugar a la formación de cardenillo, venenoso. El cobre se combina con los elementos componentes del aire, formando una pátina insoluble en agua.  Sometido a la acción del aire, el aluminio se cubre de una capa de óxido de aluminio (A12O3). El aluminio es atacado también por los álcalis. Incluso los morteros húmedos son perjudiciales para el aluminio, puesto que contienen caliza y la caliza combinada con agua puede formar un álcali.  Asimismo el plomo es atacado por los álcalis.

 

 

1.1.2. Corrosión electroquímica

La corrosión electroquímica presupone la existencia de un electrolito (líquido conductor de la electricidad). Normalmente, dicho electrolito es agua (agua de lluvia, corriente o de mar, humedad del aire, sudor corporal). También los aceites y las grasas pueden actuar como electrolitos, si se han vuelto rancios bajo la acción del aire y del calor o si por cualquier motivo no están libres de ácidos y álcalis.

 

Los procesos que se presentan en la corrosión electroquímica son similares a los producidos en el interior de un elemento galvánico. Cuando un metal se disuelve en un electrolito y debido a la cesión de electrones por parte de los átomos, se produce un exceso de electrones en el metal, al abandonar los iones la superficie de dicho metal (Fig. 1.1). La tendencia del metal a disolverse se llama tensión de disolución. Sumergidos en un electrolito, los metales cuya tensión de disolución es elevada presentan un gran exceso de electrones y metales cuya tensión de disolución es baja, un pequeño exceso de electrones. El metal que forma el polo negativo resulta deteriorado al ceder iones; se dice que es el metal menos noble.

 

 

 

 

 

 

 

 


Figura 1.1 Formación de la carga negativa en una placa de Zinc, debido a la formación de iones.

 

1.1.2a. Corrosión electroquímica por formación de elementos galvánicos

Con frecuencia, las distintas partes de una pieza están formadas por distintos metales. Si existe además un electrolito, se originan elementos galvánicos. Si los distintos metales están unidos eléctricamente entre sí, dichos elementos galvánicos se hallan en cortocircuito. Por el elemento, llamado elemento de corrosión, circula una corriente (corriente de corrosión).

 

Para ensayos que tienen por objeto demostrar en poco tiempo los efectos de la corrosión, es necesario un electrolito adecuado. Para ensayos con hierro o acero se puede emplear una solución de 10 g de ferrocianuro potásico en 1 litro de agua corriente. El ferrocianuro potásico K3[Fe(CN)6] es particularmente apropiado, porque forma una capa de color azul oscuro, aun con muy pocos iones de hierro. En las prácticas sobre corrosión que siguen, dicha solución se llamará electrolito de ensayo.

 

Experimento 1: Unir eléctricamente un perno de acero desnudo, bien desengrasado, con una placa de cobre; introducir ambos en el electrolito de ensayo y añadir algunas gotas de ácido sulfúrico al 10 %. Observar el perno de acero.

 

Transcurridos unos 5 minutos, el acero queda cubierto de una capa de        corrosión (Fig. 1.2). Dicha capa se hace cada vez más gruesa.

 

La tensión galvánica generada provoca una corriente, al estar           en cortocircuito el perno de acero y la placa de cobre. La corriente circula del polo positivo (cobre), a través del conductor de cortocircuito, hasta el polo negativo (acero) y de aquí vuelve al polo positivo a través del electrolito. El punto o zona en que    la corriente pasa del metal al electrolito se denomina zona o electrodo de salida. La corriente pasa de nuevo del electrolito al metal por la zona o electrodo de entrada (Fig.1.2).


Figura 1.2. Corrosión producida por la corriente generada en la pieza

 


Como los iones metálicos tienen carga positiva, se mueven en el mismo sentido que la corriente. En consecuencia, los iones positivos debidos a la tensión de disolución son alejados continuamente del electrodo de salida por la corriente de modo que puede disolver al material nuevo. Así pues, se extrae material del electrodo de salida (Fíg. 1.3). Por el contrario, los iones positivos del electrodo de entrada son empujados por la corriente hacia el propio electrodo de entrada. Por tanto, no se produce en éste ninguna extracción de material.

 

Figura 1.3 Extracción de material en el electrodo de salida

 

Los iones desprendidos del electrodo de salida pueden formar compuestos químicos, en combinación con otras sustancias del electrolito.  En el hierro, generalmente se forma hidróxido de hierro, que se transforma en orín o herrumbre.  El orín está formado por óxido de hierro e hidróxido de hierro, con agua.

 

La corriente eléctrica puede provocar corrosión de acuerdo al vector de Poynting w/m  (EMI y RFI depositada en estructuras).

 

La zona de salida de la corriente se corroe.

 

La zona de entrada de la corriente no se corroe.

 

La intensidad de la corrosión depende de la intensidad de la corriente de corrosión. Como dicha corriente es originada por elementos cortocircuitados, es tanto mayor cuanto mayor es la tensión. Ahora bien, la tensión aumenta con la separación entre los elementos en cuestión en la serie de tensiones, la concentración del electrolito y la eficacia del despolarízador. En la corrosión, el oxígeno del aire actúa como despolarizador.

 

El peligro de corrosión es tanto mayor, cuanto más separados están los metales en la serie de tensiones, cuanto más eficaz es el electrolito y cuanto mejor se puede disolver el aire en el electrolito.

 

Si se hallan en contacto piezas de distintos metales y se añade un electrolito, se produce una corrosión por contacto. Este puede ser el caso, por ejemplo, de las uniones de conductores de cobre con conductores de aluminio, de contactos de plata sobre bases de aleación Cu-Zn y de tornillos de acero sobre barras de aluminio (Fig. 1.4). También las piezas de grafito (carbono) pueden dar lugar a corrosión por contacto.


 

Figura 1.4 Corrosión por contacto en una unión roscada de barras colectoras

 

En los metales, con frecuencia la estructura cristalina no es uniforme. Así, por ejemplo, en el acero existen cristales de ferrita (Fe puro) junto a cristales de carburo de hierro (Fe3C). Al penetrar la humedad, se originan pequeños elementos, llamados elementos locales, en ellos el cristal de Fe constituye el polo negativo, que se destruye.

 

En el caso de elementos metálicos enterrados de gran longitud (conducciones, revestimientos de cables), se puede producir corrosión, sin que haya metales distintos en contacto. En este caso, se puede generar una tensión en el mismo metal, debido a la existencia de dos electrolitos de diferente composición. Éste es el caso, cuando el suelo presenta características distintas a lo largo de la conducción (constante geoelectromagnética).

 

En cuanto se presentan en la superficie del metal los primeros fenómenos de corrosión, por ejemplo manchas aisladas de óxido, la corrosión se acelera rápidamente. Los productos de corrosión formados por compuestos químicos de los metales tienen, en la escala de tensiones, posiciones distintas a las de los propios metales. Su tensión de disolución es inferior a la del metal correspondiente. Si hay un electrolito, los productos de corrosión pueden formar elementos galvánicos junto con el metal. En tal caso, el metal constituye el polo negativo y se corroe aún más (Fig. 1.5).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 1.5 Corrosión en una pieza de acero con puntos de oxidación aislados

 

 

1.1.2b. Corrosión por corrientes de dispersión

La corrosión electroquímica es provocada por la corriente, por lo tanto, también la corriente continua de una instalación eléctrica puede producir corrosión, si abandona el circuito de servicio. A dicha corriente se le llama corriente de dispersión. Si la misma pasa de un metal a un electrolito, da lugar a una corrosión por corriente de dispersión.

 

La corriente alterna no produce corrosión, puesto que es incapaz de provocar desprendimiento de material.  El sentido de movimiento de los iones cambia continuamente, al igual que el sentido de la corriente.

En conclusión, la corrosión no es directamente a causa de la corriente alterna, si no a la no uniformidad de la estructura cristalina del acero.

 

La corrosión por corrientes de dispersión deteriora los metales, en la zona de salida de la corriente.

 

La corrosión por corrientes de dispersión se puede presentar en todas las instalaciones de corriente contínua. Con frecuencia se presenta en los bornes de las baterías de automóviles. Incluso en los cojinetes de máquinas alimentadas con corriente continua se puede originar este tipo de corrosión.

Las puestas a tierra de instalaciones de corriente contínua, por las que circula corriente, están sometidas también a la corrosión por corrientes de dispersión.

 

En la tierra, las corrientes de dispersión se reparten sobre grandes superficies, circulando por caminos que no se pueden determinar de antemano y que dependen de la resistencia específica del suelo. Las corrientes de dispersión que circulan por tierra se llaman también corrientes de tierra. Todas las piezas metálicas de cierto tamaño, tales como tuberías y envolventes de cables, situadas en las proximidades de carriles de tranvía (Fig. 1.6) corren peligro de corrosión por corrientes de dispersión.


Figura 1.6 Corrosión de una envolvente de cable, de plomo, debido a corrientes de

tierra provocadas por estar mal puenteada una unión de carriles

 

1.2. Protección contra la corrosión

La corrosión química se puede evitar impidiendo la entrada a las sustancias atacantes. Para ello, se cubre la superficie del metal con un revestimiento que actúa como protección superficial.

 

En algunos metales, la propia capa de corrosión proporciona una protección superficial. El cobre forma, combinado con los componentes del aire, una capa protectora, llamada pátina. El aluminio, al ser atacado por el oxígeno del aire, forma una capa protectora de óxido de aluminio (A12O3). El plomo forma, en combinación con el ácido sulfúrico y con el ácido clorhídrico, una carga protectora formada por sales de plomo (sulfato de plomo, cloruro de plomo); así, el plomo resiste la acción de dichos ácidos.

Si bien las capas protectoras naturales de los metales citados resultan muy útiles con vistas a la corrosión, a menudo es un inconveniente que dichas capas conduzcan mal la corriente, especialmente el caso de los contactos.

 

La corrosión electroquímica se puede evitar, impidiendo el paso de la corriente de corrosión. Se puede conseguir esto interrumpiendo el circuito de la misma o también anulando el efecto de dicha corriente de corrosión por medio de una corriente de protección de sentido contrario, que es la oferta catódica del electrodo Faragauss.

 

 

1.2.1. Medidas de protección constructivas

La amplia utilización de los plásticos (por ejemplo, envolventes de aparatos de maniobra de termoestables, tubos y cajas de termoplásticos) reduce las posibilidades de corrosión. De todos modos, determinadas piezas constructivas, que deben presentar propiedades eléctricas y mecánicas definidas, no se pueden fabricar en plástico. Los materiales conductores, magnéticos y para resistencias son casi siempre metales, con peligro de corrosión. Los ejes y árboles son generalmente de acero, las carcasas de fundición y los recubrimientos de chapa de acero.

 

Es necesaria una ventilación suficiente, para que no pueda acumularse electrolito alguno. El taponado de los huecos de ventilación conduce a condensaciones de agua, lo que a su vez acentúa el peligro de corrosión.  A fin de que no puedan formarse elementos galvánicos de corrosión, se debe procurar evitar el contacto entre metales distintos. Cuando la unión entre metales diferentes no ha de ser conductora, es usual el empleo de capas intermedias aislantes (Fig. 1.7).

 

En casos sencillos, basta con emplear masilla como aislante. Si hay humedad, se utiliza una lámina intermedia de plástico o cinta aislante.


Figura 1.7 Unión aluminio-acero, por medio de un tornillo de acero galvanizado

 

Especialmente los puntos de contacto entre cobre y aluminio corren peligro de corrosión por contacto. En las líneas aéreas, cuando hay que hacer una unión Cu-Al, se emplean bornes de unión (fig. 1.8) o capas intermedias de chapa de cobre plaqueada con aluminio. De este modo, el conductor de cobre sólo se halla en contacto con cobre y el conductor de aluminio con aluminio. Los puntos de unión en el borne de unión propiamente dicho se protegen de la humedad por medio de un barniz aislante.


 

Figura 1.8  Borne de Unión Cu-Al

 

Si la corriente circula únicamente por conductores metálicos y no por un electrolito, no puede producirse corrosión por corrientes de dispersión. Debido a ello es preciso apretar bien los bornes roscados.

En el caso de instalaciones de puesta a tierra, la corriente puede circular por las mismas, para pasar al suelo, que actúa como electrolito. Por tanto, las tomas de tierra de instalaciones de corriente continua, por las que circula corriente en servicio, están sometidas a peligro de corrosión especialmente alto. Por el contrario, las puestas a tierra puramente de protección corren menos peligro, puesto que por ellas sólo circula corriente cuando se origina un defecto.

 

 

 

 

Siempre que es posible se evita hacer circular corriente por tierra, para que no haya lugar a corrientes de dispersión. Por tanto, en redes de telecomunicaciones no deben emplearse como conductores para la corriente de servicio la tierra ni las envolventes de los cables, si cada receptor individual consume más de 0,1 A (VDE 0150). En los ferrocarriles eléctricos, es forzoso emplear la tierra como conductor de retorno, puesto que la resistencia eléctrica de la vía es bastante alta y prácticamente imposible aislar los carriles respecto a tierra. Las piezas metálicas de cierto tamaño, situadas cerca de vías de c.c., tales como las de tranvías, se deben unir, por lo tanto, con la barra negativa de la central generadora o transformadora.

 

 

Esto es válido especialmente para tuberías metálicas (fig. 1.9). La corriente de servicio circula de la barra colectora P de la subestación, a través de la catenaria, al motor, retornando a continuación a la barra N. En el camino desde el motor a la barra N, la corriente se dispersa, debido a la elevada resistencia de la vía; una parte de dicha corriente sale fuera de los carriles, provocando corrosión. Dicha corriente circula por tierra, hasta alcanzar la o las tuberías existentes, si éstas están unidas metálicamente con N, en adelante dicha corriente circula exclusivamente por circuitos metálicos, no produciéndose corrosión en la tubería. Si la tubería no está unida metálicamente con N, la corriente debe abandonar de nuevo la tubería, para llegar a N; en consecuencia, la tubería se corroerá en la zona de salida de dicha corriente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Figura 1.9 Derivación de corrientes de dispersión, por una red de tuberías

 

La formación artificial de un camino metálico para las corrientes de dispersión en tierra se llama derivación de la corriente de dispersión.

La derivación de las corrientes de dispersión impide la corrosión debida a las mismas.

 

La derivación de las corrientes de dispersión puede ser necesaria en las proximidades de todas las instalaciones de corriente continua, tales como tranvías, instalaciones rectificadoras, instalaciones de electrólisis e instalaciones de soldadura.

 

 

 

 

 

 

 


Si el polo negativo está unido a masa y se produce humedad en un borne, circula una corriente errante a masa (Fig. 1.10), que actúa simultáneamente como corriente de corrosión. Se corroen las zonas de salida del borne; las zonas de entrada a masa no se corroen. En cambio, si el polo positivo está unido a masa, puede circular una corriente errante de masa al borne; el borne no se corroe, pero sí la masa.

 

Figura 1.10 Corrosión por corrientes errantes, en un borne de automóvil (polo negativo)

 

 

En las instalaciones de telecomunicaciones, de corriente continua, generalmente se pone a tierra el polo positivo del generador de tensión. De este modo, no se produce en los conductores y bornes corrosión debida a las corrientes errantes.

 

 

1.2.2. Protección superficial

 

Experimento 2: Engrasando una parte del electrodo de salida con grasa resistente a los ácidos.

La parte no engrasada se corroe, pero no así la engrasada (Fig. 1.11).


Figura 1.11 La protección superficial impide la corrosión

 

La capa de grasa protege la superficie, y el electrolito no puede alcanzar, a través de ella, el metal. Los revestimientos aislantes y los revestimientos de metal resistente impiden que las sustancias atacantes o electrolitos puedan llegar al metal a proteger.

 

 

1.2.2a. Revestimientos aislantes

Cuando no se exige gran duración a la protección contra la corrosión, es suficiente aplicar una capa de aceite o de grasa.  Se emplea para ello aceite mineral libre de ácidos o bien grasa mineral. Se consigue una mejor protección cubriendo la superficie en cuestión con cera dura.

 

Una protección mejor la proporciona la aplicación de pinturas o barnices. Unas y otros deben ser compactos y adherirse bien a las piezas. La aplicación se efectúa a mano, por inmersión o por pulverizado (a pistola). Las capas pulverizadas son más uniformes, pero también más porosas que las aplicadas a brocha o rodillo.

 

Antes de aplicar pinturas al aceite y barnices, es preciso limpiar a fondo las superficies, eliminando posibles capas de corrosión (herrumbre, etc.) e impurezas y de ser posible también la cascarilla de laminación. Dicha limpieza se realiza generalmente con ayuda de cepillos de acero o por chorreado. El chorreado consiste en proyectar sobre la pieza en cuestión, por medio de aire comprimido, arena o granalla de acero. Cuando se emplea el desoxidado químico, es preciso eliminar totalmente el producto desoxidante utilizado, pues en caso contrario el mismo podría producir una nueva corrosión. Los restos de aceite se pueden eliminar por medio de productos desengrasantes o en un baño electroquímico.

Las superficies metálicas a proteger deben ser rugosas, para que la capa protectora se adhiera bien. Cuando la base es lisa, especialmente en el caso de los metales no férricos, se emplea una imprimación adherente (wash-primer), que contiene un pequeño porcentaje de ácido fosfórico y cromato de zinc básico, por lo que reacciona químicamente con el metal.

 

El acero y el hierro pueden oxidarse también bajo la capa de pintura, por lo que, antes de aplicar pinturas al aceite o barnices, es necesaria una imprimación, como protección contra la oxidación propiamente dicha. Para ello se emplea generalmente minio (Pb3O4), desleído en barniz de aceite de linaza. El barniz de aceite de linaza es un aceite de linaza mezclado con agente secante y cocido, de tal modo que seca rápidamente. Con menor frecuencia, se emplean como imprimación pinturas de polvo de zinc o pinturas de cromato de zinc. Como aglutinante para la imprimación se emplean, además del aceite de linaza, las resinas sintéticas. A la imprimación le sigue la capa base. Una vez seca esta última, se puede aplicar la capa de acabado (Fig. 1.12). En lugar de las capas base y de acabado, se pueden utilizar también barnices.

 


Figura 1.12 Constitución de un sistema de pintura

 

Además de las pinturas, se emplean también revestimientos termoplásticos, que se pueden aplicar sobre la pieza por pulverizado o por sintetizado fluidizado (impulsión por soplado de polvo de plástico sobre la pieza caliente).

 

Los revestimientos aplicados química o electroquímicamente tienen importancia especialmente en los casos del acero y del aluminio, y como protección adicional en las piezas galvanizadas, cadmiadas y plateadas.

 

El fosfatado consiste en la creación, por medios químicos, de una capa de fosfato de hierro sobre las piezas de acero. Las piezas en cuestión se introducen, colgadas, en un baño formado por agua y sales de fósforo. La capa de fosfato propiamente dicha no ofrece prácticamente protección alguna contra la corrosión, pero proporciona una excelente base para revestimientos de pintura y capas de cera.

 

El anodizado (oxidación electrolítica) se aplica introduciendo una pieza de Al como ánodo y una placa de plomo como cátodo, en ácido sulfúrico diluido. La corriente continua provoca la formación de una capa estanca de óxido, que crece 1/3 hacia fuera y 2/3 hacia dentro. Dicha capa presenta buena adherencia, es dura y tenaz a un tiempo, eléctricamente aislante y fácil de pintar. Muchos metales se pueden hacer químicamente inertes (pasivos) y protegerlos así de la corrosión, por medio de capas de cromato muy delgadas. Este tratamiento, llamado pasivado, se emplea principalmente para proteger revestimientos de zinc, cadmio y plata. Para ello, las piezas a proteger se introducen en una solución acuosa de ácido crómico; con frecuencia, las piezas así tratadas toman un color similar al del latón.

 

 

1.2.2b. Revestimientos metálicos

Sólo es          posible obtener una protección duradera contra la corrosión, por medio de revestimientos metálicos, siempre que el revestimiento protector sea compacto. Si el revestimiento es de metal más noble, por ejemplo estaño sobre acero, en caso de fallo del revestimiento se originan elementos galvánicos locales, que motivan un aumento de la corrosión del metal base. Si el metal de revestimiento es menos noble que el metal base, aun en caso de fallo del revestimiento, el metal base queda protegido (Fig. 1.13), si bien, con el tiempo, el revestimiento termina por consumirse totalmente. La reducción anual de espesor de los revestimientos de zinc o de cadmio, no pintados, varía, según el grado de pureza del aire, de 0,001 a 0,03 mm. Antes del metalizado, las piezas deben desengrasarse a fondo. Esto se puede hacer con gasolina o también con tricloroetileno (llamado también «tricloro» o «tri»), que no presenta peligro de inflamación. En el caso del galvanízado, el desengrasado se realiza frecuentemente en un baño electrolítico de desengrasado; en este caso, el electrolito más usual es la sosa cáustica. Las piezas se conectan al polo negativo y constituyen el cátodo. El paso de la corriente continua provoca la formación de burbujas de hidrógeno en la superficie de las piezas, las cuales arrancan la grasa; dicha grasa, al subir hacia la superficie del baño de sosa cáustica, es saponificada, con lo que puede disolverse en el agua.

 


Figura 1.13 Efecto protector del Zinc sobre acero

 

 

Existen diversos procedimientos para la aplicación de revestimientos metálicos:

 

Metalizado a fuego (por ejemplo galvanizado a fuego, emplomado a fuego, plateado a fuego, estañado a fuego). En estos procedimientos, las piezas, una vez desengrasadas, se introducen en un baño de metal de revestimiento fundido.

 

Galvanizado. Las piezas, bien desengrasadas se introducen en un baño acuoso de sales metálicas, conectándolas como cátodo al polo negativo. Como ánodo se conecta, al polo positivo, una placa del metal de revestimiento.

 

 

Pulverizado metálico.  En una pistola de pulverizar, el metal de revestimiento, aportado en forma de alambre, es fundido por una llama de gas, pulverizado por la acción de un gas a presión y proyectado sobre la pieza a tratar. Dicha pieza debe estar bien desengrasada y previamente calentada, pues en caso contrario el revestimiento metálico se desprenderá.

 

Plaqueado. Este tratamiento consiste en aplicar, por laminado, una delgada lámina del material de revestimiento (cobre, níquel, latón, aluminio), sobre una o ambas caras del metal a proteger.

 

La protección más eficaz contra la corrosión se consigue combinando los revestimientos citados, por ejemplo por un revestimiento de zinc y pintura o pasivado.

 

 

1.2.3. Empleo de corriente de protección

El empleo de una corriente auxiliar para la protección contra la corrosión se denomina protección eléctrica contra la corrosión. En los procedimientos citados anteriormente se trataba de impedir la corrosión. Con la protección eléctrica contra la corrosión se desvía intencionadamente la corrosión hacia un punto, en el que la misma ocasione un daño mínimo.

 

La corriente de protección puede ser debida a la formación de elementos o bien proceder de un generador especial (Electrodo Magnetoactivo Faragauss).

 

Para que pueda circular corriente de protección